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- La Historia detrás de la Tortura: la corrupción, el abuso y la impunidad, defectos de México Bárbaro

 

 

 

 

Introduccion a una Autobiografía Parcial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Olivier Acuña

 

 

 

 

 

-         Mi versión de hechos estrictamente relacionados a la cuesta abajo en mi trayectoria periodística.

 

-         El antes y después del punto climático de mi crisis que fue la tortura

 

-         Simplemente las leyes, los códigos, reglamentos y procedimientos son artículo decorativo

 

-         No queda claro si los jueces y sus empleados y la gente de las procuradurías de Estado y la General de la República no conocen la ley o saben que no sabemos o si sabemos, no nos quejaremos

 

-         La verdad de los medios y de quienes trabajamos en ellos y como tampoco nos salvamos porque o somos corruptos, o nos autocensuramos por diferentes razones, principalmente, temor a morir, o simplemente pasamos desapercibidos

 

 

 

 

 

 

         Esta biografía parcial tiene el objetivo de que me conozcan un poco mejor y también es un intento, para ser sincero, de contrarrestar en lo posible las difamaciones y calumnias que el Gobierno de Sinaloa tanto se ha esforzado por difundir.

    De antemano, quiero pedir disculpas porque caeré un poco, como es natural, en un poco de presunción, la cual otros conocen como Ridiculum Vitae y como periodista por convicción y vocación, evitaré la subjetividad, aunque como humano y como doctor que está practicándose una cirugía sobre su propio cuerpo, cometeré errores.

    Para el  99.9 por ciento de la población periodística o dicho más austeramente, entre mis colegas soy perfectamente desconocido y eso me da mayor razón y motivo para presentarles mi versión de los hechos, ya que ellos (funcionarios de gobierno no muy bien identificados que han cometido actos dudosos en mi contra) me denigran ante mis colegas y activistas de derechos humanos, sin menospreciar sus esfuerzos propagandísticos en medios locales, sobre todo.

    Marissa Macías, editora de Estados del diario El Financiero, me comentó por allí de marzo del 2006, que personas de la Oficina del Gobernador Jesús Aguilar Padilla, habían hablado con ella.

    “Hablaron, Olivier, para reclamarnos por la nota que publicamos acerca de tu caso.  Me dijeron, pero de una forma muy grosera y prepotente, que estábamos equivocados en publicar la información”.

    Varios colegas que abordaron mi caso en sus medios recibieron llamadas parecidas, mediante las cuales intentaban desanimarles de volver a publicar sobre el tema, desacreditando mi persona y que no valía la pena darme esa atención en sus publicaciones.

    Javier Cabrera, corresponsal de El Universal, quien es conocido por su amistad muy estrecha con procuradores y altos funcionarios del sector Justicia, me habló un día para prácticamente mentármela.

    El me alegó que le habían hablado de la Procuraduría del Estado diciendo que yo intenté o de hecho hablé con el procurador y que me identifiqué como Javier Cabrera y que le amenacé con secuestrarlo.

    No me sorprendió tanto la estúpida y nefasta acusación como el hecho de que Javier se lo hubiera creído o al menos eso me quiso hacer creer a mi.

    Esta es la parte más absurda: “Olivier, me dijeron que pediste ayuda y que desesperado les dijiste que si no te ayudaban que secuestrarías al procurador”.

    Es decir pedí ayuda para Olivier o para mi o para Javier. Segundo, si estoy pidiendo “desesperadamente” ayuda porque tengo problemas con funcionarios y policías, no sé cómo iba a poder secuestrar al procurador.

    Es ilógico vaya. Mi razonamiento lógico es que si tengo capacidad o creo tener capacidad para secuestrar a un Procurador de Justicia estatal, pues entonces no necesitaría su ayuda, por un lado, y por el otro es excesivamente irreal que uno intente coaccionar al Gobierno para que lo ayude porque si no serán secuestrados.

    “Creo que si alguien no toleraría una amenaza así, vaya, ni debería dejar de detener al ·”secuestrador” por dignidad, sería precisamente el jefe de ese órgano judicial.

    El caso es que el que una vez fue amigo, ahora estaba volteado en mi contra.

    Otro incidente similar sucedió con uno de los abogados que tuve a lo largo de mi proceso después de la tortura. El se llama Oscar Mendoza Guerrero, quien en una de sus audiencias conmigo en la cárcel llegó bien irritado reclamándome que el abandonaría mi caso si persistía en mi actitud beligerante, ya que el Juez Séptimo del Fuero Común en Sinaloa, le aseguró que yo había hablado por teléfono y que aparte de insultar a empleados de su juzgado, proferí amenazas de muerte.

    Bueno, parece concurso para ver quién puede inventar algo en mi contra que al mismo tiempo de ser el más absurdo e ilógico resulte convincente para los demás.

    Simplemente le contesté al jurisprudente en turno: “Qué bueno licenciado lo que usted me dice, porque ahora debemos exigir la grabación de la llamada para demostrarles a todos quién dice la verdad y quién no es más que un infame mentiroso. Con esto, licenciado, les vamos a callar y demostrar que los criminales son ellos, los mismos que representan la ley”.

    No caigo en la más mínima subjetividad cuando asevero que las autoridades que sí conocen la ley, es porque se esforzaron por saber cómo abusar de ella, como aquebrantarla.

    Muchos otros trabajan en el sector Justicia porque es el mejor frente para un criminal. Otros fueron contratados precisamente por su ignorancia de la ley y de esta forma poder manipularlos a su gusto y antojo.

    No es el último, pero también resulta ejemplarmente irrisoria, por no mencionar ofensivo y delictuoso, el fallo del Juez Segundo de Distrito, Eduardo Leyva, ejerciendo en ausencia del titular.

     Si de medallas se trata, este amigo ya se enganchó una de oro. El caso es que para un resolución o fallo sobre una petición mía de amparo en contra del auto de formal prisión por homicidio calificado,  ocupó unas 40 fojas por los dos lados. Un fallo de este tipo no debe prolongarse más de 4 a 6 fojas y aún se me hace mucho.

    Claro, aprovechamos su elocuencia para darnos cuenta de lo inepto y lo manipulable que es el funcionario, porque después de tanta letra concluye; “el Juzgado Segundo decide no amparar ni proteger a Olivier Acuña porque confesó ser culpable y porque no comprobó que fue torturado”.

    Pues no leyó ni el auto de formal prisión, porque si no habría visto estas palabras: “parece increíble que Olivier haya sido torturado porque no confiesa a ningún delito ni declara nada que lo perjudique”.

    Está sobrado decir que la tortura sí estaba comprobada mediante dos peritajes oficiales e integrados al expediente en cuestión y fueron realizados por expertos de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Sinaloa y por el especialista internacional, Jorge Peña de la Rueda, quien me practicó el Protocolo de Estambul”.

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autobiografía, revelación de un sistema corrupto

 

 

 

    De acuerdo a mi análisis,  el primer incidente que me ocasionó problemas como periodista se produjo en 1995. Carlos Salinas acababa de entregar el poder a Ernesto Zedillo, el último priísta presidencial. Eran momentos turbulentos para el economista debido a la inminente crisis económica que heredó a su sucesor y de la cual se empezaban a dar cuenta.

    El hermano incómodo y sus travesuras, que en realidad eran infantiles en comparación a las de su cómodo hermano, Carlos, quien de no haber contado con un Raúl, como salvoconducto o lavamanos, otro gallo le hubiera cantado.

    Pero bueno, el pueblo mexicano nos conformamos con el borrachito y dejamos huir al que no se llevaba míseros 300 millones de dólares, sino una monstruosa cantidad de dinero ilícitamente en sus manos, suficiente, incluso, como para desmoronar la economía nacional.

    De hecho, si recuerdan, el güero marihuanito que gobernaba a Estados Unidos, el tal Bill Clinton, tuvo que prestarnos una lana para sobrevivir la cuesta de enero y el declive de febrero, ademas del caos de marzo y la crisis de lleno en abril…  de hace 14 años.

    Mario Ruiz Masssieu, el hermano asustado de José Francisco, un prestigiado e influentísimo político priísta, quien tenía también el defecto de haber sido cuñado de Salinas de Gortari, quien fue asesinado frente a la sede de su partido por esas fechas, había sido arrestado en Newark, cerca de la Ciudad de Nueva York, en posesión ilegal de 20,000 dólares en efectivo.

    No sé porque tanto circo si me tocó ver a personas con cerca de 200,000 dólares pasar por aduana estadounidense sin ser detectado.

Resulta que una persona de posición social y económica de postín, pobrecito, sí fue detectado y encarcelado.

    El periódico Reforma, es decir, mis superiores aceptaron que yo fuera a Newark a cubrir lo de Mario y de paso también, porque no, obtener una entrevista con Carlitos, quien presumía tener trabajo nuevo allá de mojado, ya que así nos dicen los gringos siempre que pueden a todos los mexicanos, que para ellos son todos los que miden menos de 1.70 metros de altura, más o menos, y que son morenos o que hablan español. De repente, amplían la membresía de mojados a personas que no cumplen con esas características físicas.

    Fui a Nueva York orgulloso de mi mismo: “Acá, enviado especial de Reforma en los unite steits, ufff, o sea, no. Esta felicidad me duró muy poco porque al ver los gastos que me daban para 15 días en una de las ciudades más caras del mundo sumaban la multimillonaria miseria de 500 dólares.

    Para que se den una pequeña idea, con esos cinco benjamines, con suerte, podía pagar un día de hotel. Creo que sin baño ni luz, aunque si con televisión a colores y un refrigerardorcito de botanitas que parecen cajas fuertes, los cuales chillan abajo en seguridad o recepción si uno tan sólo camina muy cerca de él.

    Ok, me ahorro detalle de mi estancia, aunque vale la pena mencionar que cuando regresé me exigieron recibos para justificar los gastos. No pude comprobar todo y tuve que regresarles algo así como 50 a 100 dólares. También me hicieron ver su inconformidad con un recibo de alimentos que incluía un cobro por unos clavitos y otro por  toallas femeninas. Si de verdad les da curiosidad el detalle de esto, escríbame con su inquietud al correo electrónico noticias2000?ymail.com o en esta página web en su sección de comentarios.

    En notas que envíe se habló de la certeza que don Carlitos era responsable de la crisis económica y de hecho su empleo no era más que una vicepresidencia del consejo, suena bien pero es un puesto honorario que se les da a todo aquél que tuviera más de 10 mil millones de dolares invertidos en la bolsa.

    Suena exagerado y no dudo que el funcionario que me dijo esto hay podido equivocarse al decir la cifra o yo al escucharla, pero mi respuesta fue: “Disculpe, y no le importa a Wall Street de dónde proviene el dinero. No les importa si es malhabido o tendrán alguna ética que seguir.

    Al día siguiente, Carlitos salió de Nueva York, aparentemente hacia Cuba, según me dijo el cónsul mexicano. Luego, reapareció humildemente en Irlanda del Norte o algo así y recuerdo que unas tomas de él y su esposa eran frente a una especia de conjunto habitacional, queriendo aparentar humildad, ¿quizá?

    Trabajé duro, mandé muchas notas, incluso varias de portada y después de tan austero viaje, yo esperaba ser felicitado o algo así, pero no, porque se me había olvidado que Reforma había alcanzado algún acuerdo o trato dudoso con Gobierno, mediante el cual se le otorgó al dueño del diario, Alejandro Junco de la Vega, un terrenonón bárbaro allá por avenida Universidad, afuera del metro Zapata. Así es, adivinaron, era una importante estación de autobuses del sistema de transporte colectivo capitalino.

El pacto fue sellado durante el sexenio salinista. ¿Ustedes creen que fue legítimo.

    El caso es que yo empezaba a caerles gordos a mis superiores porque era el único que criticaba el parcialismo con el que Reforma cubrió las elecciones presidenciales, favoreciendo al PRI de una forma grotesca e inadecuada para la imagen que supuestamente quería proyectar el periódico.

    Así es, sin temor a equivocarme, les revelo el hecho de que ni Reforma puede jactarse de ser derecho, honesto, porque tienen cola que le pisen. Esos fueron chayos, oh mai god, como dirían payá pal norte.

    De hecho, estoy seguro que no he descubierto el hilo negro, solamente lo rompí.

    Homero Fernández, el traumado uruguayo que me dijo un día que conmigo se iba a vengar de un tipo que en el diario El Norte, le hizo la vida imposible, impidiéndole los ascensos laborales que el pensaba merecer.

    Otro día, Lázaro Ríos, director editorial, se orinaba de la risa cuando escuchó de mis labios lo que me pagaban y entre carcajada y carcajada, se burló: “Olivier, mi chofer gana más que tú”. Aguanté su cinismo porque pensé que vendría acompañado de una solución a lo austero de mi situación. Tonto yo, porque antes me llegó una oferta para formar parte del equipo fundador de un nuevo diario en inglés que se llamaría Mexico City The Times, en el cual ocuparía la subdirección editorial.

    Tampoco fue un triunfo. Homero, el uruguayo del que les hablé, decidió correrme del trabajo cuando le dije que en dos meses si no mejoraba mi situación en Reforma me iría.

    El señor extranjero ese ordenó a seguridad que no me dejaran entrar al edificio durante tres días para poder correrme por lo que se llama abandono de labores.

    No lo podía creer, pero menos la pudieron creer ellos cuando por un lado apareció cámara infraganti mi hermano, Alonso, ante lo cual no les quedó más que dejarme pasar.

Hubieran visto a Homero, rojo, irritado, dando pasos perdidos, hasta que me llamó a su oficina. Yo iba preparado con una grabadorcita escondida.

    El intentó por todos los medios evitar la palabra despedido o corrido, porque quería dejarme sin chamba y sin compensación laboral por despido injustificado.

    Pero poco hice para lograr su descontrol y gritarme: “Sí Olivier, para que me entiendas, porque veo que sigues viniendo a la oficina y me molesta, vete de aquí, ya requerimos de tus servicios….  Sí, te estoy corriendo idiota”.

    Tranquilamente, contesté gracias, mientras sacaba el aparatito y su cara reflejaba el hecho de que estaba él bien conciente de quién exactamente era el idiota.

    Turbulencia, no suficiente al parecer.

    Todo parecía ir viento en popa. Estábamos haciendo lo que un diario derecho y honesto debe hacer, pero que en México no se puede, aunque de momento parecía que sí, porque nuestro lector principal era el exigente extranjero estadounidense, canadiense, europeo, entre otros.

    Lo seguí creyendo pese a que el socio manipulador del periódico resultó ser el infame Fausto Zapata Loredo. Dinosaurio vuelto salinista. Ex gobernador fraudulento de San Luis Potosí que no duró ni dos meses en el poder, eyectado de tajo por Salvador Nava y sus feroces simpatizantes.

   También conocido como el “hombre del maletín negro” porque cuando fue jefe de presidencia con Luis Echeverría Alvarez se hizo famoso por traer el susodicho portafolios repletito de billetitos bien planchados de a 100, 50 y pocas veces de 20 dólares. Los atractivos papelitos verdes sirvieron para sobornor a todos los medios y sus representantes para que ni con pinzas abordaran el escalofriante tema de Tlatelolco 1968. Es un negro pasado que podría alcanzar al político corrupto, ya que se analiza la posibilidad de retirarle la inmunidad de la cual goza para enjuiciarlo por aquellos acontecimientos, cuyas profundas heridas, no han cicatrizado ni porque fue hace 40 años.

    Un día publiqué que el antes mencionado Mario Ruiz Massieu estaba a punto de volverse una piedra, no una roca, en el zapato del gobierno priísta, porque entraría al Programa de Testigos Protegidos de la FBI, la policía federal de Estados Unidos. Testigo de las inmundicias priístas y sus estrechos nexos, por no decir, control, del crimen organizado, con especial atención e interés en el narcotráfico.

    James Jones, embajador de Estados Unidos en México, llamó irritado conmigo y me aclaró, en declaraciones que exigió se publicaran, que era falso completamente y que en realidad faltaba poco para que Washington ordenara la extradición a México del inestable político mexicano.

    Pues claro que si mi gringuito, el derecho a réplica es todo suyo bajo su propio riesgo. Pero no se quedó así, sino que logré al día siguiente hablar con el vocero de la FBI en Nueva York.

    “Olivier, yo lo que puedo decir es para James Jones, el debe meter sus narices en sus propios asuntos, no andar de metiche en donde él no tiene la autoridad ni de pedirle al barrendero de la FBI que le haga un favor. Sencillamente, aquí nadie responde al embajador y creo que debe ubicarse bien en el hecho que su trabajo es allá en México como diplomático y no como agregado policial ni nada. Dile que no se meta en lo que no le importa y que se cuide de respetar jurisdicciones y así evitar caer en ridiículo”.

    Me di vuelo con tan bonitas, pero explosiva reacción y yo estaba conciente de las repercusiones que tendría y tuvo. No medí, confieso, todas las consecuencias y desconocía por completo el hecho de que Fausto y James eran no sólo entrañables colegas, sino también amigos y socios a través de sus empresas de asesoría financiera.

    Socios, chihuahua, lo que explica el hecho de que Fausto me pidiera publicar una nota firmada por mí, en portada, diciendo que todo lo que yo había publicado eran puras mentiras.

    La amenaza fue clara: “Si te rehusas a obedecer mi petición sabes donde está la puerta y olvídate de volver a conseguir trabajo en todo el país Soy asesor de Gobernación y tengo el poder de vetarte, es más, tengo la obligación porque a mí me están reclamando y aquí mando yo. Cuidado y me hagas ruido porque entonces puedes morir, no lo dudes.

    Lo dudé y lo demandé en Conciliación y Arbitraje, lo cual fue seguido de una llamada telefónica de Fructuoso López Cárdenas, otro político de la era dinosaírica. Me sugirió irme del país lo antes posible, porque a Fausto, su coterráneo, copartidista y futuro consuegro, no le gustaba que le ganaran.

“El te va  a matar, Olivier”, me sentenció y la verdad que sonó muy convincente y me fui de mojarra a Los Angeles.

    Aguanté poco cuando me dije: ·”Olivier (según yo muy enterado), ya se han de haber olvidado de mí. Pero, por si las moscas,voy discretamente y tranquilamente a Culiacán. Me alentaba yo solo diciendo que además no iba a buscar empleo, sino a generarlo. Sí, voy a lanzar mi propio periódico. Sinaloa 2000 te has de llamar y sobre una valiente y noble cruzada de incentivar a la población a leer, para lo cual sería gratis y con circulación en esa ciudad capital que rebasaba los totales combinados de los dos periódicos que se la rifan en Sinaloa, El Debate, oficialista, y el Noroeste, panista.

    Debo admitir que no pensé bien este paso y mi memoria había sido nublada por el conflicto con “neFausto”, olvidándome que cuando fui corresponsal en Culiacán y cuando era enviado especial allí mismo por parte de la agencia de noticias estadounidense (UPI), había dejado huella, tanto por el hecho de ser chilango con un leve acento apochado, como porque como era criticón, preguntón.

    Había yo sembrado semillas de resentimiento en esferas políticas y policiales, que estaban por florecer en una especie de fruto envenenado, que me traería hostigamiento policial permanente.

    Los ataques fueron intensificándose, el conflicto alcanzaba temperaturas arrasantes y la verdad que quería darles la satisfacción y el triunfo, huyendo, pero había invertido tanto de tantas formas, que no podía abandonarlo todo y huir.

    Busqué ayuda, empezando desde abajo y conforme me daban el portazo, yo escalaba la cadena de comandos, uno por uno, desde el barrendero del ayuntamiento, hasta el Gobernador de Sinaloa, y nada.

    Seguí buscando para arriba, hasta la misma Presidencia de la República. En resumen, todos me daban la razón, muchos me dieron esperanzas, pero desgraciadamente el sistema tan burocrático y la costumbre mexicana de prometer y hablar bonito, pero en concreto, nada.

    Advertí a todos con casi un año de anticipación que mi integridad física corría peligro. Detallé, di nombres, direcciones, todo, todo….   Todo para nada.

    La CNDH primero turnó mi queja a la CEDH, pese a que mencionaba que en la conspiración en mi contra estaban involucrados funcionarios federales.

    En el 2005, Mauricio Farah Gebara, Quinto Visitador de la CNDH, me señaló que con respecto a Fausto Zapata debía yo presentar una denuncia ante un ministerior público.

    Ignorante yo, estuve a punto de hacerlo, hasta que tres años después caí en la cuenta que el señor había sido embador en China e Italia, entre otras asignaciones diplomáticas, por lo que gozaba de forma vitalicia, de inmunidad absoluta.

    Cuando reviré a la CNDH con el hecho de que él era embajador de por vida, Farah Gebara tuvo la desfachatez de decirme que en el caso de Fausto, el crimen había prescrito por ley y que ya nada se podía hacer.

   Todavía me dice que seguramente no tengo pruebas.

    No manches, carrón, que me diga el mentado visitador quién es amenazado de muerte y tiene  como comprobarlo.

    Pero les dije que allí estaba Fructuoso, también Oscar Rivera Inzunza, un destacado periodista sinaloense y amigo mío, quien hace unos cuatro o cinco años, cuando el fungía como vocero de la Policía Ministerial, me aseguró que yo era un desfortando víctima de una conspiración gubernamental.

    Hay testigos de alta credibilidad de esta advertencia, pero no he querido mencionar sus nombres, porque a los siete días de que el 29 de agosto de 2007 yo revelara por primera vez lo que Oscar me había dicho, el fue acribillado cobarde e impunemente a plena luz del día, saliendo de sus oficinas en el Palacio de Gobierno y ante la presencia de al menos una patrulla de elementos policiales del estado.

    Sin ningún temor de ser detenidos o vistos, lo balearon y se dieron el lujo de impunidad de bajarse de sus autos y caminar hacia el vehículo de Oscar para asegurarse de que estuviera  muerto en su interior.

    A la fecha no tiene, según ellos, ninguna pista, ningún avance en la investigación. Es increíble y más cuando se han dado reacciones policiales asombrosas como cuando Rodolfo Carrillo Fuentes, hermano y supuesto lugarteniente del fallecido “Señor de los Cielos”, el capo de la droga, Amado Carrillo Fuentes.

    El caso es que el muchachón había ido al cine en una muy turbia coincidencia con el entonces Gobernador Juan Millán. Se imaginan a ambos coincidiendo sin mayor incidente en una de esas salas de multicinema. Sí, cómo no y por supuesto que existe el gordo barbón de rojo que allana todos los hogares del mundo en unas cuantas horas para regalar juguetes y sorpresas la noche de Navidad. Cómo no.

    Al salir, fue acribillado por asesinos que fueron alcanzados a varios kilómetros afuera de la ciudad, en medio de la oscuridad nocturna Sí, de película, los alcanzó un helicóptero policial, cuyos tripulantes abrieron fuego, cerrando sus vidas. No hombre, está para el programa sangrón ese que dice un mono cuatrojos: “di  fi    i   i  i   i   ci  i ii   l      de creer”!!

    No pues que caray, tengo muchas anécdotas más y me gustaría reltarlas todas, pero no quiero caer en un imposible de creer.

La conclusión es que todavía no ha habido conclusión en mi caso, sino que el caso es que sigue candente el asunto y que una solución a mi problema está tan lejos que no le alcanzo a ver ni sus luces.

Pero para ustedes dos o tres que están interesados, ay más o menos en este conflicto, les tendré oportunamente informados de los sucesos menos intrascendentes. Gracias por su tiempo y espero que se hayan distraido un rato y deseo provocar en ustedes interés en la justicia en México, porque es un claro indicativo de que las cosas necesitan la atención y participación de todos nosotros, porque como ciudadanos y contribuyentes debemos sentir la necesidad y la obligación de no ser tan apáticos.

Porque no debemos pensar en que mientras no me pase a mi nada, no hay nada de que preocuparse. Yo he cometido ese error y no es correcto, porque la siguiente víctima de prepotencia, abuso de autoridad, negligencia gubernamental y de Justicia, porque la próxima víctima puedes ser tú o algún ser amado o no tan amado.

No hay que esperar a que se ahoguen más niños para ponernos responsablemente a tapar el hoyo.

 

 

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