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- Sinaloa 2000, denuncia tortura, corrupción, impunidad e injusticia

 

Quiero darles las gracias a todos los que visitan esta página, cuyo objetivo inicial y esencial es de difundir información veraz sobre el crítico estado en que se encuentra la impartición de justicia en México, donde sigue siendo práctica común la violación de derechos humanos, incluyendo el cruel trato de tortura
Mi segunda prioridad es alentar, provocar que mis lectores se transformen en vigilantes de derechos humanos. Mi objetivo ideal sería que todos aquellos que así lo deseen utilicen estas páginas para denunciar violaciones y abusos que de otra forma no denunciarían. Les doy mi dirección de correo electrónico con la esperanza de recibir muchas aportaciones del público y les garantizo que en esta página tienen asegurado un foro para manifestar sus inquietudes.
Estoy entregado a este fin porque vivimos en un país que está pasando por una crisis enorme de inseguridad y de falta de recursos para denunciar con efectividad todos los abusos. De hecho, yo lo he experimentado en carne propia. Las dependencias de Gobierno y las comisiones de derechos humanos no hacen nada más que buscar la forma de desacreditar o rechazar toda denuncia posible.
Hay también una ignorancia extrema con respecto a las leyes y me refieron dentro de los órganos encargados de suministrar justicia, allí es donde más ineptitud e ignorancia se encuentra y esto es lamentable
También parece que los elementos policiales y militares mexicanos, en todos sus niveles, no saben la diferencia entre tratos inhumanos, violaciones a los derechos humanos y un procedimiento de investigación y arresto que sea respetuoso de las garantías individuales. Parece que la corrupción es tan normal y común que los funcionarios ya no distinguen entre la honestidad y la ilegalidad. Tristemente, el gobierno mexicano y sus integrantes están muy lejos de ser personas de buena fe con deseos de hacer valer la democracia y el respeto a los derechos humanos.
Está tan arraigada la corrupción que se ve muy lejana la posibilidad de vivir en un estado de seguridad y de verdadera justicia en todos sus sentidos.
Mi nombre es Olivier Acuña Barba y he sido periodista durante 24 años, sin embargo desconocía por completo la realidad que vivimos. Me da vergüenza decirlo, pero al igual que muchos otros mexicanos, vivía en la ignorancia o negación de la triste realidad que se vive en nuestro país. De hecho, estaba bajo la falsa ilusión de que mi país, México, era el mejor lugar del mundo para vivir. Me decía a mi mismo que en ninguna otra parte del mundo me sentía tan seguro y tan respetado como en México.
Por supuesto, que para llegar a esta conclusión es porque ya había vivido por espacios de más de un año en otros cuatro países; Estados Unidos, Guatemala, España e Italia. Además, había visitado otras naciones.
Pero mi sentir cambió radicalmente el 14 de enero del 2006, cuando fui violentamente levantado por elementos de una policía secreta y clandestina del Gobierno de Sinaloa. La intención de ellos era asesinarme, pero cometieron varios errores y enfrentaron otros tantos obstáculos, por lo que se tuvieron que conformar con torturarme durante 16 horas y luego echarme a la cárcel bajo falsas acusaciones de homicidio calificado y delitos contra la salud.
Todo era parte de un plan que el Gobierno de Sinaloa había diseñado con el fin de desprestigiarme, cancelar toda posibilidad de que yo volviera a publicar ni una palabra y finalmente, de vengarse por críticas periodísticas mías en contra de la corrupción, impunidad y vinculación de Gobierno con el crimen organizado.
Les di donde les dolía y por eso la venganza fatal era y sigue siendo su objetivo.
Fue en la cárcel donde empecé a ver la realidad que se traduce en un sistema tan amañado que por sistema y sucesión continúa y se arraiga cada vez más.
Todos nos imaginamos y hasta escuchamos cosas increíbles del narcotráfico, crimen organizado y policías y funcionarios coludidos.
Por deducción lógica llegamos a la conclusión que el crimen existe y persiste gracias a su vínculo con el Gobierno.
Pero sólo son pensamientos peliculezcos y de hecho llegan a ser temas para grandes producciones de Hollywood.
Lo más triste es que no sólo son reales estas “ideas alocadas”, sino que lo que verdaderamente sucede en nuestro país rebasa todas las fantasías y especulaciones, y aunque en el fondo muchos de nosotros sospechemos que así es, cuando lo diga con todas sus palabras me van a tildar de demente.
Pero allí les va: El crimen está organizado y controlado por el Gobierno. Son los jefes y funcionarios públicos del más alto nivel quienes concesionan las plazas del crimen. Son ellos los que más lucran y menos se exponen.
Ellos eligen a sus conejillos, a los que van a pagar el pato cuando llegue el momento de responder por platos rotos.
Son los grandes políticos multimillonarios los que organizan y protegen a los que ellos despectivamente llaman criminales, siendo que ellos son los delincuentes más grandes y peligrosos, ya que cuentan con impunidad, con poder policial y militar, y controlan todos los juzgados y tribunales.
No hay nadie que pueda contra ellos. Claro, como es natural, los que ellos llaman criminales crecen, se enriquecen y adquieren poder, y, por lo tanto, en ocasiones se les rebelan y entonces los detienen y encierran.
Otras veces, los mismos organizadores del crimen, Gobierno, hace intriga para que entre sus súbditos, los que todos conocemos como criminales, se enfrenten y maten entre ellos.
Antes de que me digan que estoy loco y que algo que ustedes mismo ya habían pensado ahora lo descarten como posible, quisiera que se dieran un tiempo de reflexión y análisis, y entonces díganme como es posible que un político llegue a tener tanto dinero y como el crimen organizado pueda existir y tener tanto éxito. Cómo es posible que las autoridades presuman de confiscar tanta droga, pero no detienen a nadie.
No creo que ustedes caigan en el engaño tan fácilmente.
Cuantas veces hemos visto en televisión o en fotografías en los diarios a detenidos que dicen laas autoridades que son narcotraficantes, cuando en realidad lo que se ve es que eran trabajadores que no tenían otra opción laboral más que la de sembrar marihuana para los grandes capos y sus padrinos dentro del Gobierno.
Es obvio tanto como lo es la necesidad de que no nos dejemos engañar más y que no permitamos que esto continúe porque si no, México se hundirá peor o su inserción en la democracia se prolongará y la verdad que es mucho el terreno recorrido para dejar ganar a la corrupción e impunidad, porque es un círculo vicioso que lleva a la violación grave de derechos humanos en nuestro país, la cual habrá que reconocer su extensiòn y alcance real, y rechazarla de raiz de una buena vez y para siempre. Tratar de enterrar esta oscura etapa de la justicia en México y crecer y entrar a la modernidad y dejar de hacernos los locos. Sí tiene una enfermedad nuestro sistema político y que tenemos todos la responsabilidad de sanearlo.

 
 
 

 

 

 

 

 

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